Una reflexión sobre el asombro, las eLo que descubrimos acompañando a cientos de personas durante su primera noche bajo uno de los cielos más oscuros del mundo.strellas y la importancia de seguir maravillándonos.
Julio 2026, 6 minutos de lectura

Durante junio pasamos más noches de lo habitual mirando el cielo.
Después de años recorriendo la Sierra, colaborando con el Observatorio Astronómico Nacional y compartiendo estas noches con quienes nos visitan, creíamos conocer bastante bien este cielo.
Pensábamos que ya sabíamos qué era lo que hacía especial mirar hacia arriba desde este lugar.
Nos equivocábamos.
Durante ese mes participamos en el Congreso Internacional de Astrofotografía, conocimos a personas que han dedicado años a fotografiar estos cielos y acompañamos a muchos visitantes durante sus primeras noches bajo uno de los cielos más oscuros del mundo.
Y, sin darnos cuenta, comenzamos a mirar diferente.
No fueron las fotografías.
Ni los telescopios.
Ni siquiera las lunas de Júpiter.
Lo que más nos conmovió fue el silencio.
Ese instante en el que alguien mira por primera vez a través del telescopio y se queda sin palabras. Después sonríe y, en ocasiones, apenas se escucha un “wow”.
Durante unos segundos, el tiempo parece detenerse.
Y ese silencio no aparece porque la persona esté mirando un planeta.
Aparece porque, por un instante, está frente a algo inmensamente más grande que ella misma.

Tal vez por eso empezamos a preguntarnos qué era exactamente lo que estábamos viendo cada noche.
Hoy es más fácil que nunca encontrar respuestas. En cuestión de segundos podemos reconocer una constelación, buscar el nombre de una galaxia o recorrer el universo desde la pantalla de nuestro teléfono.
Sabemos muchísimo.
Y, sin embargo, nos maravillamos cada vez menos.
Como escribe el psicólogo Dacher Keltner en Awe: The New Science of Everyday Wonder and How It Can Transform Your Life:
“Tenemos demasiada información, pero muy poco asombro.”
Quizá por eso un cielo verdaderamente oscuro tiene tanto poder.
No porque nos enseñe algo que no supiéramos, sino porque despierta algo que creíamos dormido.
La oscuridad crea las condiciones para que ocurra algo que cada vez parece más escaso:
El asombro.
Cuando nos dejamos sorprender por algo inmenso —un cielo lleno de estrellas, un bosque antiguo, el océano, una montaña o incluso el nacimiento de una nueva vida— dejamos, aunque sea por un momento, de ser el centro de todo.
Las preocupaciones siguen ahí, pero ocupan otro lugar.
El tiempo parece hacerse más amplio.
Respiramos distinto.
Y recordamos que formamos parte de algo infinitamente más grande que nosotros.
Quizá esa sea una de las razones por las que este proyecto también nos ha ido transformando.
Cuando comenzamos esta aventura comprendíamos el valor científico, ecológico e incluso turístico de los cielos oscuros. Queríamos aprender astronomía, crear mejores experiencias y compartir la belleza de este lugar.
Pero conforme nos fuimos adentrando en este mundo, entendimos algo inesperado.
las estrellas nunca fueron el objetivo
Son —y quizá siempre serán— el camino para descubrir otra cosa.
Que no todo lo importante puede medirse.
Y que todavía existen experiencias capaces de dejarnos sin palabras.
Tal vez ahí resida una de las formas más profundas de estar vivos.
Porque, a veces, no necesitamos más respuestas.
Necesitamos recuperar la capacidad de maravillarnos.

Por eso seguiremos cuidando este cielo.
No solo porque nos permite ver más estrellas.
Sino porque todavía es capaz de devolvernos algo que la vida moderna parece empeñada en quitarnos:
La capacidad de maravillarnos.
Fuentes de inspiración
Keltner, D. (2023). Awe: The New Science of Everyday Wonder and How It Can Transform Your Life. Penguin Press.
Desde la Sierra
Creemos que algunos lugares no solo se visitan. También se leen, se escuchan y, con suerte, nos transforman. Estas reflexiones nacen de la vida cotidiana en Rancho La Concepción y de las preguntas que la naturaleza sigue haciéndonos.
PROXIMAMENTE
Esta es la primera reflexión publicada en Desde La Sierra.
Durante los próximos meses iremos construyendo una colección de ensayos sobre naturaleza, tiempo y las formas en que el mundo natural puede ayudarnos a comprender mejor la vida contemporánea.
Las próximas publicaciones incluirán reflexiones sobre:
- Dormir bajo uno de los cielos más oscuros del mundo
- Algunas cosas no se pueden apresurar
- Lo que las gallinas nos enseñan sobre escuchar a la vida
Si esta reflexión resonó contigo…
Quizá también disfrutes experimentar el cielo que inspiró este ensayo.





